EL MUNDO DEL TAROT
La Práctica del Tarot
 
 

Hace años, sin saber demasiado por qué motivo y sin creer demasiado en ello, me encuentro ante una baraja de tarot, en una salita pequeña, recogida y decorada con motivos esotéricos. Delante de una mujer que en aquellos momentos se transforma en una especie de mensajera de unos dioses revoltosos que aparecen y desaparecen de acuerdo con las vueltas del azar… Y sin saber tampoco cómo, y a medida que me adentro en aquel nuevo mundo, el azar empieza a convertirse en una realidad que reconozco más verdadera que la aparentemente lógica.

El azar es la senda por la que el tarotista te acompaña, llevándote hacia un destino que no conocías, o que conocías pero que permanecía oculto en tu interior esperando que alguien destapara el velo que lo mostrara. El azar pasa a tener auténtico sentido. Lejos de aquel mundo que te descubre el tarotista, el azar se entiende como un conjunto de circunstancias inconexas y sin sentido, un deseo caprichoso de los dioses de jugar con nosotros. Sin embargo, ante el Tarot, el azar toma cuerpo y consistencia, el azar se llama destino, se llama futuro, se llama camino, y además, se trata de nuestro camino, ese que andamos nosotros y que está trazado expresamente para nosotros.

Los detalles del azar son señales que se materializan en unas circunstancias que nos envuelven, y que sólo hay que detenerse a contemplar, para que tomen sentido. Es cierto que nuestras mentes lógicas tienden a negar e incluso a obviar realidades que le son ajenas, esas realidades que pertenecen al mundo del inconsciente, de los sueños, de la intuición y del sexto sentido. Pero hay un espacio en nuestra mente donde pueden reconocerse, un lugar que entiende de símbolos, imágenes, dioses y azar.

Ese mundo del sexto sentido, se reconoce, por ejemplo, cuando se aprende el lenguaje del tarot. El tarot es un lenguaje cuyas palabras son imágenes recopiladas por tradición de muchos siglos, y cuya sintaxis la define la disposición de dichas imágenes sobre el tapete. Es un lenguaje simbólico que puede aprenderse, estudiando, leyendo, practicando, y sobre todo, compartiendo su lectura con las propias vivencias y las vivencias de nuestros semejantes.

El tarot ha constituido para mí, además de un amigo y compañero, un consejero y un guía que a lo largo de mi camino, se ha detenido conmigo para disfrutar de las experiencias más bonitas, para dilucidar el sentido de las más graves, para ayudarme a decidir cuando el sendero se bifurca y las dudas me asaltan. Es un buen maestro que me enseña a recogerme en mi misma y escucharme, así como a ofrecerme a los demás, escuchando sus palabras llenas de vivencias, sentimientos, sufrimientos y alegrías.

Porque la vida a veces forma círculos que nos anclan en pasajes vitales que no parecen tener solución o salida. Entonces, el tarot nos da respuestas. Siempre responde. Y entonces, esos círculos se transforman en una espiral que nos permite reconocer la salida a esos momentos que nos atrapan en la infelicidad. Y la vida también nos tiene reservados momentos y sorpresas que nos llenan el alma con amores o vocaciones que dan sentido a nuestras andaduras. Todos esos momentos son los que comparto, a través de la práctica del tarot, con los amigos que descubro en mi camino a través de la consulta.

Así lleno mi vida con experiencias que no son mías, pero que me enseñan tantas cosas de la vida como si yo misma las viviera. Y trabajo para ofrecer a los demás un tesoro oculto.

Desde ese día en que, sin saber cómo, por algún motivo parecido a un desengaño o a una tristeza, atravesé la puerta invisible que separa lo aparente de lo oculto, y empecé a navegar entre mares de sueños y futuro, de símbolos y vivencias muy personales, mías y ajenas, no he dejado ni un instante en creer en El.

Selene
tarot@ocionet.com